En un meteorito que cayó en un lago helado canadiense en el año 2000, se ha
detectado ácido fórmico en niveles récord. Este ácido es un compuesto químico
implicado en los procesos asociados al origen de la vida en la Tierra y
probablemente en otros mundos.
Chris Herd, profesor del Departamento de Ciencias Atmosféricas y de la Tierra en
la Universidad de Alberta, y conservador de la colección de meteoritos de dicha
universidad, ha completado un análisis meticuloso sobre el Meteorito del Lago
Tagish, que podría ser uno de los meteoritos más importantes que se hayan
encontrado en la Tierra.
Descripción: Chris Herd.
Crédito de la imagen: U. Alberta.
Herd ha encontrado niveles de ácido fórmico que son cuatro veces más altos que
los hallados previamente en un meteorito. El ácido fórmico pertenece a un grupo
de compuestos llamados "orgánicos" por ser ricos en carbono. Este compuesto es
asociado comúnmente con las hormigas y las abejas debido a que está presente en
su veneno.
(NC&T) La llegada a la Tierra primitiva de ácido fórmico y otros ácidos
carboxílicos provenientes de meteoritos como el que cayó en el Lago Tagish en el
norte de la Columbia Británica, podría haber proporcionado los componentes
necesarios para la vida, especialmente los ácidos grasos que son una parte
importante de las paredes celulares.
La fuente principal de ácido fórmico pudo ser el espacio interestelar, ya que
éste y otros compuestos relacionados con el mismo han sido detectados con
instrumentos astronómicos en nubes moleculares frías y en cometas.
El meteorito cayó sobre la superficie helada del Lago Tagish a mediados de Enero
y fue recogido sin que ninguna mano humana lo tocase. Es una de las muestras
menos contaminadas de minerales procedentes del espacio exterior. Se recogieron
varios fragmentos del meteorito, sumando en total unos 850 gramos, y fueron
comprados en el año 2006 por un consorcio de investigación que incluía a la
Universidad de Alberta.
Si bien otros diseños anteriores de capas de invisibilidad han usado
metamateriales exóticos que requieren de una compleja nanofabricación, el nuevo
diseño es en cambio un dispositivo más simple, basado en una guía de ondas
ópticas especial.
Vladimir Shalaev (de la Universidad Purdue) y su equipo utilizaron su guía de
ondas especial para volver invisible un área 100 veces más grande que las
longitudes de onda de la luz proyectada por un láser dentro del dispositivo, un
logro inaudito. Los experimentos anteriores con metamateriales han estado
limitados a volver invisibles regiones sólo unas pocas veces más grandes que las
longitudes de onda de la luz visible.
Como el nuevo método ha permitido a los investigadores aumentar de manera
espectacular el área sometida a invisibilidad, la tecnología ofrece la esperanza
de volver invisibles a objetos más grandes.
Con Shalaev han trabajado también Igor I. Smolyaninov (de BAE Systems en
Washington, D.C.), Vera N. Smolyaninova (de la Universidad de Towson en
Maryland) y Alexander Kildishev (Universidad Purdue).
La guía de ondas es inherentemente de banda ancha, lo que significa que podría
usarse para otorgar invisibilidad en la gama completa del espectro visible de la
luz.
Con el prototipo de este nuevo dispositivo de invisibilidad, los investigadores
volvieron invisible un objeto de unas 50 micras de diámetro, o aproximadamente
el espesor de un pelo humano, en el centro de la guía de ondas.
En lugar de reflejarse como sucede normalmente, la luz fluye alrededor del
objeto y retoma su camino rectilíneo en el lado opuesto, como el agua que fluye
alrededor de una piedra en un riachuelo.
La investigación cae dentro de un nuevo campo llamado óptica de transformación,
que puede dar lugar a impresionantes avances tecnológicos, incluyendo sistemas
de invisibilidad, poderosas "hiperlentes" que permitan producir microscopios 10
veces más potentes que los hoy existentes y capaces de permitir sensores
avanzados, sistemas de captación de energía solar más eficaces, la observación
de objetos tan minúsculos como el ADN, y ordenadores personales y otros aparatos
electrónicos domésticos que usen la luz en lugar de las señales electrónicas
para procesar la información.
Ese cambio ha sido identificado como un promotor de la esquizofrenia
debido a su presencia entre los genes de 24 familias en las que varios
individuos habían sido diagnosticados con esta enfermedad. Los genes de esas
familias fueron examinados en un estudio poblacional canadiense.
El gen en cuestión, el NOS1AP, antes conocido como CAPON, es un gen que
Brzustowicz ha estado estudiando durante seis años.
En el estudio, se ha usado un método estadístico innovador, cuya
aplicación ha estado a cargo de Veronica Vieland, del Instituto de Investigación
adscrito al Hospital Pediátrico Nacional en Columbus, Ohio. La nueva técnica
analítica cuantifica las evidencias estadísticas sobre una asociación, en este
caso entre el gen alterado y la esquizofrenia. Los investigadores examinaron 60
variantes del gen, o polimorfismos de un único nucleótido (SNPs por sus siglas
en inglés).
Bonnie Firestein, profesora en el Departamento de Biología Celular y
Neurociencias de la Universidad Rutgers, está ahora llevando a cabo
investigaciones complementarias. En concreto, está analizando las consecuencias
de la expresión aumentada del gen NOS1AP. Firestein está examinando este gen en
cultivos celulares, y revisando cómo influye en las neuronas la expresión
excesiva de la proteína que codifica.
Identificar esta variante genética funcional específica es un paso
importante, pero, tal como matiza Brzustowicz, la esquizofrenia no es una
enfermedad de un solo gen, y hay factores ambientales que también son
importantes. No por el mero hecho de tener alterado este gen alguien se volverá
esquizofrénico.
La frecuencia de aparición de esta variante en la población general es
superior al 40 por ciento. Aproximadamente el 1 por ciento de la población
general padece esquizofrenia, pero no todas las personas con la enfermedad son
portadoras de este gen alterado. Brzustowicz calcula que la frecuencia de la
presencia del gen alterado en personas con esquizofrenia es un poco más alta que
el promedio en la población general. Por ejemplo, la frecuencia de esta variante
en las personas con esquizofrenia en las familias canadienses examinadas es del
55 por ciento.